Edificio Leed, Medalla de Oro por desempeño ejemplar
14
Sep

Medalla de oro Leed

Las hojas del árbol de corotú se mecen con la brisa mientras un gato solo pasea bajo su sombra a pocos pasos del International Business Center, el vivero de Panamá Pacífico, el bosque tropical y el área residencial de Woodlands.

Cada edificio en el área de negocios del proyecto se construyó siguiendo prácticas sostenibles. El proyecto decidió llevar ese compromiso ambiental un paso más allá y en enero de 2015 inició la construcción de su primer edificio diseñado para aplicar a certificación Leed en grado plata. El trabajo fue tan riguroso que el edificio 3855 recibió a finales de 2016 la certificación Leed en grado oro, es decir, un nivel más alto de su aspiración inicial, calificado con “desempeño ejemplar” en manejo del agua, uso de materiales regionales y diseño de espacios abiertos.

Más que bombillos ahorradores
Entre los edificios vecinos, el 3855 atrae la mirada por la tonalidad ligeramente distinta de sus muchos cristales y sus paredes. Cuando se cruza su puerta, se tiene la sensación de haber llegado a un spa por su luz cálida y la sensación de que allí se respira mejor. Desde cada puesto de trabajo, se disfruta de vista al exterior. Los cristales dobles de sus ventanas tienen gas en el interior para aislar el calor exterior. Parte de su alma verde, proviene de su sistema de aire acondicionado con tecnología avanzada que requiere menos energía para refrigerar cada rincón.

No obstante, su diseño no se limita a lograr ahorro y aumentar la comodidad, sino que además, genera energía. Lo que parece un convencional tejado de cristales sobre la puerta cochera es en realidad una estructura de paneles fotovoltaicos que absorben la luz solar para producir el 5% de la energía que necesita el edificio.

La arquitecta colonense Lorena Ríos, líder del equipo que diseñó el 3855 de Panamá Pacífico, enfatiza que ser Leed implica mucho más que bombillos ahorradores. Ríos es la directora para Panamá y Latinoamérica de la firma de arquitectos estadounidense Wakefield Beasley. Desde el momento que tomó el examen para acreditarse en diseño Leed, cuando estaba embarazada del segundo de sus tres hijos y residía en Estados Unidos, Ríos tuvo claro que aquello más que un tema profesional era un modelo de vida y la convertía en una activista de sostenibilidad. “El proceso comienza desde el diseño y la construcción pues se toma en cuenta desde la disposición de los desechos hasta los componentes de los selladores, y se siguen parámetros específicos”, explica sobre el proceso de certificación.

Considera que el reto mayor fue desbancar mitos. “Lo más difícil es romper esa barrera de que un edificio certificado te va a costar más y es más difícil de construir”. El primer desafío fue lograr que todos los participantes del proyecto, desde diseñadores hasta constructores, entendieran que debían cambiar las prácticas usuales por otras ambientalmente sostenibles como proteger los materiales durante la construcción, mantener una limpieza constante y rigurosa, y reutilizar materiales. La arquitecta insiste en que es una inversión que retorna en beneficios económicos, tanto en ahorro de gastos como en aumento de productividad de los colaboradores. Hoy Panamá es uno de los países con mayor cantidad de certificaciones Leed en Latinoamérica.

El mayor beneficio económico es la considerable reducción del consumo de electricidad. Por ejemplo, el edificio 3855 es más grande que sus edificios vecinos, en algunos casos hasta tres veces más grande, pero consume menos energía que todos.

Otro de los ahorros sobresalientes es en agua pues con accesorios eficientes en los baños se reduce en 45% del consumo de agua. Además, el edificio usa un sistema de recolección del agua que condensa el aire acondicionado, y esta se usa para regar las plantas exteriores, lo que representa una reducción del 75% del agua en jardinería. “Eso es muchísima agua”, insiste Ríos. “Y las plantas de este edificio están más hermosas que todas, porque reciben agua con menos químicos y son más saludables”.
El edificio además fue construido con 23% de material reciclado. Todo el acero que se utilizó era 80% de contenido reciclado. Mientras que el 32% de los materiales usados fueron regionales, reduciendo la huella de carbono.

Asimismo, Panamá Pacífico se preocupó de que los desechos de la construcción no se convirtieran en basura, logrando reciclar el 78% de estos, desde el plástico, el concreto, hasta los metales.

Si se respira mejor, se trabaja mejor
El mayor beneficio de estos esfuerzos sostenibles lo perciben las personas que trabajan en el 3855, pues parte de los objetivos de un edificio Leed es que dentro de él, las personas se sientan más cómodas, más felices, estén más sanas y, por tanto, trabajen mejor y sean más productivas.

En este edificio de oficinas, se presta mucha atención a la pureza del aire. La construcción usó pinturas, aditivos y sellantes bajos en componentes orgánicos volátiles, “en términos comunes, es el olor de la pintura que a todos nos enferma”, explica la arquitecta Ríos. Por esta razón, el edificio está menos contaminado y quienes trabajan dentro se enferman menos.

Además, el sistema de aire acondicionado fue diseñado para aumentar la cantidad de aire fresco en cada espacio gracias a una mayor circulación. Esto evita que se acumulen gérmenes y que enferman muchas personas a la vez. También previene bajos niveles de dióxido de carbono que producen somnolencia en las personas.
Lorena Ríos, quien es parte de la junta directiva del Panama Green Building Council que promueve la sostenibilidad e investigación-, espera que, en el futuro, edificios como el 3855 no sean casos especiales, sino la norma.

“Al final, el planeta se nos está deteriorando y para todos por igual. ¿Qué le estamos dejando a nuestros hijos en el futuro? Un planeta totalmente destruido. La satisfacción que me llevo es que mis hijos saben que su mamá es una arquitecta que hace edificios verdes, que mamá está salvando el planeta”.